Disciplina amigable

Como dicen en parents.com, si todas las madres y padres de este mundo recibieran un dólar por cada vez que piden a sus hijos que hagan algo y ellos no lo hacen, todos seríamos más ricos y pagar las facturas que llegan a fin de mes no sería un problema.
Lamentablemente, nadie paga por tales desobediencias y aún así, los niños siguen desobedeciendo. Y aunque uno los quiere, cuesta no fastidiarse con ellos de vez en cuando ¿verdad?
¿Por qué no pueden obedecer? Si usted les pide cosas sencillas. Con que ellos le escuchen y le ayuden con las tareas de la casa usted se conforma. ¿O no?
Pero claro… los niños son sólo niños, y usted no quiere convertirse en un ogro ni en un sargento. Nadie disfruta de estar persiguiendo a sus hijos, repitiendo y repitiendo una y otra vez que deben hacer.
Uno quiere ser amigable y se imagina que siendo simpático va a lograr mejores resultados. Es más probable que el niño recoja la toalla que dejó tirada en el baño y que se siente a la mesa si uno los aborda por la positiva. ¿Verdad?
Al fin y al cabo, cuando uno le da una ordena un adulto también recurre a esa modalidad “positiva”. Ser educado siempre vale la pena y además, tiene mejores resultados.
Si uno quiere que otro adulto haga algo, no lo pide en forma mandona. Por ejemplo, diríamos: “¿puedes pasarme la sal, por favor?”, “¿puedes cuidar a los niños esta noche?”. Básicamente los estamos invitando a hacernos un favor.
Más que una orden, les ofrecemos la posibilidad de hacer algo. Los invitamos a ayudarnos, a ser buenos con nosotros, a ser considerados. Transformamos la propuesta en un desafió: ¿serán capaces de hacerlo?
Pues bien, con los niños tenemos que hacer lo mismo. Prueben, van a ver que funciona. ¿Se animan?
Artículos Relacionados
`No hay Comentarios
Dejar un Comentario

















La disciplina positiva
Disciplina positiva: cómo aplicarla
Más tips para que los peques aprendan a compartir
El sueño del bebe: dejarlo llorar
A cuidar el tono